
NOVENA
a la Virgen Desatanudos
Día 3
Evangelio
María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.
Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,
exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.
Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor».
(Lc 1, 39-45)
Padrenuestro, 10 Avemaría, Gloria
Oración a María
Desatadora de nudos
Santa María, llena de la presencia de Dios:
durante los días de tu vida aceptaste con toda humildad la voluntad del Padre,
y el maligno nunca fue capaz de enredarte con sus confusiones.
Ya junto a tu Hijo, intercediste por nuestras dificultades
y, con toda sencillez y paciencia, nos diste ejemplo de cómo desenredar la madeja de nuestras vidas.
Y al quedarte para siempre como Madre Nuestra,
pones en orden y haces más claros los lazos que nos unen al Señor.
Santa María, Madre de Dios y Madre Nuestra,
tú que con corazón materno desatas los nudos que entorpecen nuestra vida,
te pedimos que nos libres de las ataduras y confusiones con que nos hostiga el que es nuestro enemigo.
Por tu gracia, por tu intercesión, con tu ejemplo,
líbranos de todo mal, Señora Nuestra,
y desata los nudos que impiden que nos unamos a Dios,
para que, libres de toda confusión y error,
lo hallemos en todas las cosas,
tengamos en Él puestos nuestros corazones
y podamos servirle en nuestros hermanos.
Amén.
Consagración a María
Señora y Madre mía, Virgen Santa María, la que desata los nudos:
a tus pies me encuentro para consagrarme a ti.
Con filial afecto te ofrezco en este día cuanto soy y cuanto tengo:
mis ojos, para mirarte;
mis oídos, para escucharte;
mi voz, para cantar tus alabanzas;
mi vida, para servirte;
mi corazón, para amarte.
Acepta, Madre mía, el ofrecimiento que te hago
y colócame junto a tu Corazón Inmaculado.
Madre de misericordia,
la que desata los nudos que aprisionan nuestro pobre corazón,
guárdame y protégeme como posesión tuya.
No permitas que me deje seducir por el maligno,
ni que mi corazón quede enredado en sus engaños.
Enséñame a aceptar los límites de mi condición humana,
sin olvidar que puedo superarme con la ayuda de la gracia,
y a agradecer siempre a Dios por mi existencia.
Ilumíname para que no deseche al Creador por las criaturas,
ni me aparte del camino que Él pensó para mí.
Amén.