
NOVENA
a la Virgen Desatanudos
Día 1
Evangelio
El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo. No temas, María, porque Dios te ha favorecido.»
(Lc 1, 28. 30)
Padrenuestro, 10 Avemaría, Gloria
Oración a María
Desatadora de nudos
Santa María, llena de la presencia de Dios:
durante los días de tu vida aceptaste con toda humildad la voluntad del Padre,
y el maligno nunca fue capaz de enredarte con sus confusiones.
Ya junto a tu Hijo, intercediste por nuestras dificultades
y, con toda sencillez y paciencia, nos diste ejemplo de cómo desenredar la madeja de nuestras vidas.
Y al quedarte para siempre como Madre Nuestra,
pones en orden y haces más claros los lazos que nos unen al Señor.
Santa María, Madre de Dios y Madre Nuestra,
tú que con corazón materno desatas los nudos que entorpecen nuestra vida,
te pedimos que nos libres de las ataduras y confusiones con que nos hostiga el que es nuestro enemigo.
Por tu gracia, por tu intercesión, con tu ejemplo,
líbranos de todo mal, Señora Nuestra,
y desata los nudos que impiden que nos unamos a Dios,
para que, libres de toda confusión y error,
lo hallemos en todas las cosas,
tengamos en Él puestos nuestros corazones
y podamos servirle en nuestros hermanos.
Amén.
Consagración a María
Señora y Madre mía, Virgen Santa María, la que desata los nudos:
a tus pies me encuentro para consagrarme a ti.
Con filial afecto te ofrezco en este día cuanto soy y cuanto tengo:
mis ojos, para mirarte;
mis oídos, para escucharte;
mi voz, para cantar tus alabanzas;
mi vida, para servirte;
mi corazón, para amarte.
Acepta, Madre mía, el ofrecimiento que te hago
y colócame junto a tu Corazón Inmaculado.
Madre de misericordia,
la que desata los nudos que aprisionan nuestro pobre corazón,
guárdame y protégeme como posesión tuya.
No permitas que me deje seducir por el maligno,
ni que mi corazón quede enredado en sus engaños.
Enséñame a aceptar los límites de mi condición humana,
sin olvidar que puedo superarme con la ayuda de la gracia,
y a agradecer siempre a Dios por mi existencia.
Ilumíname para que no deseche al Creador por las criaturas,
ni me aparte del camino que Él pensó para mí.
Amén.