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Plumas de color rosa suave

NOVENA
a la Virgen Desatanudos

Día 5

Evangelio

Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; 

y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue. 

En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche.

De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz.

(Lc 2, 6-11)

Padrenuestro, 10 Avemaría, Gloria

Oración a María

Desatadora de nudos

Santa María, llena de la presencia de Dios: 

durante los días de tu vida aceptaste con toda humildad la voluntad del Padre,

y el maligno nunca fue capaz de enredarte con sus confusiones.

Ya junto a tu Hijo, intercediste por nuestras dificultades

y, con toda sencillez y paciencia, nos diste ejemplo de cómo desenredar la madeja de nuestras vidas.

Y al quedarte para siempre como Madre Nuestra,

pones en orden y haces más claros los lazos que nos unen al Señor. 

Santa María, Madre de Dios y Madre Nuestra,

tú que con corazón materno desatas los nudos que entorpecen nuestra vida,

te pedimos que nos libres de las ataduras y confusiones con que nos hostiga el que es nuestro enemigo.

Por tu gracia, por tu intercesión, con tu ejemplo,

líbranos de todo mal, Señora Nuestra,

y desata los nudos que impiden que nos unamos a Dios,

para que, libres de toda confusión y error,

lo hallemos en todas las cosas,

tengamos en Él puestos nuestros corazones

y podamos servirle en nuestros hermanos.
Amén.​

Consagración a María


Señora y Madre mía, Virgen Santa María, la que desata los nudos:

a tus pies me encuentro para consagrarme a ti.

Con filial afecto te ofrezco en este día cuanto soy y cuanto tengo:

mis ojos, para mirarte;

mis oídos, para escucharte;

mi voz, para cantar tus alabanzas;

mi vida, para servirte;

mi corazón, para amarte.

Acepta, Madre mía, el ofrecimiento que te hago

y colócame junto a tu Corazón Inmaculado.

Madre de misericordia,

la que desata los nudos que aprisionan nuestro pobre corazón,

guárdame y protégeme como posesión tuya.

No permitas que me deje seducir por el maligno,

ni que mi corazón quede enredado en sus engaños.

Enséñame a aceptar los límites de mi condición humana,

sin olvidar que puedo superarme con la ayuda de la gracia,

y a agradecer siempre a Dios por mi existencia.

Ilumíname para que no deseche al Creador por las criaturas,

ni me aparte del camino que Él pensó para mí.
Amén.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

© 2024 CG

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